Chicles convertidos en obras de arte y vistas con encanto: todo esto esconde el Millenium Bridge de Londres

No soy una gran fan de las alturas, tampoco me gustan mucho los puentes, esa sensación de andar sobre una estructura suspendida en el aire… un poco miedosa sí soy. Desde que crucé el Millenium Bridge, a pesar de ser un puente colgante, lo que aumenta mi inquietud, este se convirtió en uno de mis sitios favoritos de la capital. El puente es muy popular entre los turistas, puesto que une, en un punto estratégico, las dos orillas del Támesis. Puede que las vistas que proporciona, en una orilla Saint Paul’s Cathedral y en la otra el Tate Modern, me distrajeran de la esa sensación de inseguridad.

El Millenium Bridge es el puente de construcción más reciente de la ciudad de Londres. Su edificación comenzó a finales del Siglo XX, concretamente, si no recuerdo mal, en 1998 y fue inaugurado en junio del 2000 como homenaje al nuevo milenio. Después de la buena sensación que tuve al cruzarlo por primera vez, me informé un poco sobre este espacio. Bueno, pues resulta que pocos días después de su primera inauguración, la del 2000, el puente comenzó a tambalearse al paso de los transeúntes. Este problema se agravó, tuvieron que cerrarlo y comenzar de nuevo las obras. Esta claro que, si llego a saber todo esto antes de cruzarlo, no me hubiera planteado hacerlo. En 2002 se produjo una reapertura del puente, una nueva inauguración y hasta al momento no ha vuelto a causar problemas.

La estructura rebosa encanto. Una de las veces que lo crucé, para ver una de las exposiciones temporales del Tate Museum, observé como una niña de unos 5 años fotografiaba, de manera constante, el suelo. Daba un par de pasos y foto, otro par y, de nuevo, foto. Lo que menos me esperaba es que la niña estuviera inmortalizando chicles. Bueno, no supe que eran chicles hasta más adelante, pero el suelo del puente está lleno de pequeñas obras de arte en miniatura. Tan pequeñas que, si no sabes que están ahí, probablemente no apartes la mirada de las vistas para fijarte en ellas.

 

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El autor de dichas obras es Ben Wilson, más conocido como Chewing Gum Man. Es un artista urbano que ha dado mucho que hablar en los últimos tiempos por la actividad que está llevando a cabo por un gran número de ciudades, pero que se concentra sobre todo en el puente del Millenio.

Este artista convierte un reflejo de la falta de civismo de nuestra sociedad en una obra de arte: los chicles del suelo. Fíjate en las aceras de cualquier ciudad, están repletas de manchas con formas circulares e irregulares que, aunque nuestra vista las ignore de manera automática, ensucian y afean el pavimento. Wilson convierte estas manchas oscuras en coloridas obras de arte; todas ellas diferentes y únicas. Renueva y da un aspecto completamente distinto a este material desechable. Si te fijas, puedes encontrar todo tipo de objetos, personas, extraterrestres, medios de transporte, etc. Busca tu favorito.

Los londinenses y algunos guías turísticos afirman que no es sencillo ver trabajar al artista. A pesar de ello, mientras paseaba una tarde-noche junto a unos amigos, nos topamos con él. Un señora se paró a conversar con él sobre todo tipo de cuestiones relacionadas con su obra. Para mi sorpresa se mostró muy agradable y abierto a hablar de su trabajo. Nos comentó algo que yo ya había leído en los medios cuando investigué sobre sus pequeños dibujos: había tenido problemas con la ley por realizarlos. Se le acusó de pintar y deteriorar el pavimento, algo que es de propiedad pública. Finalmente, como el propio autor nos contó, salió absuelto puesto que a nivel técnico él no está pintando el pavimento, sino los chicles que las personas arrojan a él, es decir, algo de propiedad privada. Por ello, continúa desarrollando su arte.

Su obra es aparentemente sencilla, pero la transformación de alguno de los chicles puede llevarle varios días. La técnica que sigue es: calentar el chicle, aplicar varias capas de pintura acrílica hasta conseguir lo que desea, finaliza aplicando una laca o barniz transparente que protege la obra de las pisadas y la humedad. Las pequeñas pinturas tienen detalles minuciosos que te animo a que veas de cerca.

El pasado mes de noviembre, en la entrada del puente de la orilla norte había una exposición de varitas mágicas. Estas eran réplicas aumentadas de las varitas de las pelis de Harry Potter y de Animales Fantásticos. La exposición no solo estaba colocada en este punto por el gran tráfico de turistas. Si no que, además, en el edifico colindante se encuentra la Escuela de Londres, una de las más prestigiosas del país; en ella culminó sus estudios de A-Level Daniel Radcliffe, el actor de la saga cinematográfica de Harry Potter.

Por tanto, visites Londres, seas fan del universo del J.K. Rowling o aficionado al arte urbano de la ciudad, espero que este post te anime a dar una vuelta por la zona de Saint Paul’s y cruzar al Tate Modern por el puente del Milenio.

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